“Que es mi
barco es mi tesoro, que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.”
(Espronceda, Canción del pirata, Ap. 193)
¡Qué imagen
que pinta Espronceda! El pirata de capa y espada; misterioso y feroz, con un
espíritu tan libre que ningún cárcel, ninguna cadena, ni la muerte lo puede
contener. Él representa el lado sombra en su totalidad. Es apasionado, poderoso
e ilógico.
Quiero
comparar ser pirata a tener fe. El camino de ser discípulo de Jesucristo es un camino
duro y largo, pero es un camino que totalmente, sin duda, vale la pena. Es el
camino más provechoso y valioso que hay, y sin embargo “son pocos los que la
hallan” (Mateo 7:14). Siempre me pregunto porque son tan pocos los que llegan.
Tantos comienzan el camino y después lo pierden, y creo que este pirata me
enseñó la razón. Creo que hay muchos que intentan ser discípulos con su lado
luz, con su lado lógica. Intentan vivir el evangelio como una lista de
quehaceres. Creen que si lees las escrituras, oras, y asistes a la iglesia,
¡presto, irás al cielo!
Para mí,
eso no funciona. El élder Bruce C. Hafen dijo: “Sitting in church is as likely
to turn you into a saint as sitting in a garage will turn you into a car.” La
fé es confiar en lo desconocido. Es poderoso y para algunos no es muy lógico.
Está llena de pasión. Si tienes fe tienes un hambre insaciable para descubrir
más de Dios. La fe es puro lado sombra, es puro pirata. Muchos comienzan el
camino del discípulo llenos de fe, pero con el tiempo su discipulado se hace
algo rutinario y lógico y pierde ese elemento de sombra. Un día dejan de leer y
asistir porque han perdido el misterio tras ello; han perdido el pirata y la
pasión. Yo creo que si queremos ser discípulos verdaderos de Jesucristo
necesitamos aprender acceder a nuestro lado sombra y tener la pasión de un
pirata hacía Su evangelio.
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