“…viviendo engañas
y muriendo enseñas” (Sor Juana Inés de la Cruz, A una rosa)
Mi primer
pensamiento al leer ese poema fue “La rosa es una mentira”. Después, me reí, y pensé:
“La torta (el pastel) es una mentira”. Para los que no saben, esa frase viene
de un videojuego tipo rompecabezas muy popular que se llama Portal.
El videojuego consiste de un sistema tipo HAL (de 2001: A Space Odyssey) que te va guiando por una serie de laberintos.
Al comienzo es tu amiga ofreciéndote como premio una torta al terminar el laberinto,
pero a medida que avances intenta matarte y en el último nivel te das cuenta que
ella es malvada y la destruyes. Aunque en algunos lugares hay grafiti que
advierte: “La torta es una mentira”, al terminar todo el juego, se te presenta esa
torta. O sea, que sí, recibiste la torta, pero en mi opinión sigue siendo
mentira.
En el poema
Sor Juana está hablando de que la rosa, una cosa hermosa y vana es a la vez una
mentira y una maestra. Es mentira porque engaña a la gente vana a pensar que ir
en pos de belleza física vale la pena, pero cuando muere, demuestra que mintió
y que la vanidad no sirve para nada.
Yo creo que
el videojuego hace lo mismo. Yo no soy muy de jugarlos, pero he tenido varios
compañeros de habitación que jugaban los videojuegos constantemente. La torta de Portal
para ellos es como la rosa para los vanos. O sea, al jugar este videojuego, haces todo con
esa meta de alcanzar esa torta imaginaria. Malgastas horas y horas y horas y al terminar…
la torta es una mentira. Cuando apagas la computadora, desaparece la torta
junto a las incontables horas que gastaste en alcanzarla. De la misma manera
que los vanos no recibirán nada en su búsqueda, has gastado muchísimo tiempo y ¿qué
has logrado? Absolutamente nada. La rosa y la torta sirven como amonestación
para cada tipo de vicio. Ir en pos de un vicio ya que sea la vanidad o los
videojuegos de te dejará con polvo, con sombra, con nada.
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