¿Alguna vez
has intentado explicar cómo te sientes sin poder hacerlo? O ¿has tenido uno de
esas experiencias donde te sientes frustrado y quieres que alguien te entienda
pero no encuentras las palabras adecuadas para comunicarlo? Si tener dominio de
la palabra y su conexión simbólico y real te da poder, por supuesto que el
opuesto vale también. Si no tienes las palabras adecuadas para expresar el
significado real de las cosas, no tienes poder.
La historia
de Belisa Crepusculario me hizo pensar en otra historia que tiene que ver con
las palabras también. Se llama Anthem y fue escrito por Ayn Rand. La historia
se basa en un futuro distópico, tipo comunista, donde se ha eliminado el individualismo por
completo. Tu vida es decidido por un “Consejo Mundial” que ha eliminado también
el uso de las palabras personales: “yo, me, mi, etc…” El protagonista (se llama
“Igualdad 7-2521”) narra la historia con dificultad, no pudiendo comunicar
conceptos personales porque la única palabra que sabe para referirse a si mismo
es “nosotros“. Cuando él encuentra a la protagonista y quiere decirle que la
ama, es totalmente incapaz de comunicarle ese concepto tan personal porque lo
han criado sin darle un símbolo para representar ese sentimiento real. Al
final, huyen juntos al bosque donde encuentran una casa con libros y descubren
las palabras prohibidas: “yo, me, mi y ego”
Estas historias
porque hay que tener entendimiento de la experiencia humana y también dominio
del lenguaje. Igualdad entendía amor personal y directo, pero no expresarlo por
su falta de lenguaje. Belisa entendía todas las palabras del diccionario, pero
lo echó al mar porque comprendía que la comunicación es mucho más que conectar
palabras. La comunicación pura es cuando el significado y la palabra coincidan
perfectamente, y cuando puedes lograr eso, tienes poder. Tienes el poder de
Belisa, que conmueve a una nación entera con unas cuantas palabras o ablanda el
corazón de un guerrero duro con dos. Sin ello, estás como pobre Igualdad;
enamorado sin poder comunicarlo.
(Aun los gangsters necesitan comunicarse.)



