jueves, 14 de febrero de 2013


Habitación blanquísima del interior de la casa de Bernarda. Muros gruesos. Puertas en arco con cortinas de yute rematadas con madroños y volantes. Sillas de anea. Cuadros con paisajes inverosímiles de ninfas o reyes de leyenda. Es verano. Un gran silencio umbroso se extiende por la escena. (Direcciónes del escenario, Acto I, La Casa de Bernarda Alba, Lorca)

Como charlamos en clase, la obra “La Casa de Bernarda Alba” nos muestra una situación muy parecida a la que tenemos en la cultura mormona. Como miembros intentamos tener un hogar “blanquísimo” y muros muy gruesos para protegernos de los peligros y los vicios del mundo. A menudo, eso resulta en familias y hogares donde reina el silencio; donde hay una tensión en el aire entre padre e hijo. Los padres quieren proteger, y los hijos quieren tener libertad. La obra saca a luz una pregunta dificilísima: ¿Cómo se puede dar muros gruesos de protección sin que esos mismos muros sean una cárcel como pasó en la casa de Bernarda?

Al meditar sobre esa pregunta, pensé en un artículo qué leí hace tiempo. Contó como los astronautas, sin la presencia de la fuerza de gravedad del mundo pierden mucha fortaleza en sus huesos, lo cual puede resultar en fracturas cuando de nuevo llegan al mundo. De cierto modo, eso es parecido a lo que Bernarda y los padres ansiosos intentan hacer. Intentan aislar a sus hijos de las fuerzas del mundo. Lo que ellos y los astronautas se olvidan es que sin la presencia de esas fuerzas del mundo, sin la oposición, uno queda totalmente débil. Sin levantar pesas, jamás tendré músculos; sin tener desafíos y enfrentar la tentación, jamás seré fuerte en lo espiritual.

Creo que podemos aprender la solución del ejemplo de los astronautas. Ellos aprendieron que estar totalmente aislado de la gravedad les hace mal, entonces comenzaron a hacer ejercicios especiales en su aislamiento para fortalecerse, y cuando vuelven al mundo andan con cuidado hasta que sus huesos desarrollen la fuerza necesaria. Cómo un padre uno, sí, puede tener muros muy gruesos, pero a cambio de Bernarda, y para que su historia no termina cómo la de Bernarda, un padre debe también saber exponer a sus hijos a desafíos y decisiones para que no ellos no se queden como los astronautas, débiles.

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